lunes, 29 de junio de 2015

El renacer de la vida en la edad de oro

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Vivenza, el lugar ideal para el adulto mayor

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·        Complejos de vivienda especializados para adultos mayores de 55 años, como Vivenza, ofrecen una alternativa de vivir en agradables y tranquilos lugares en medio de la naturaleza, con espacios comunes y servicios especializados para esta población.

·         Según un estudio realizado por la página Internacional Living Magazine, Colombia ocupa el octavo lugar a nivel mundial y el quinto en América Latina para el retiro de jubilados del mundo.

Bogotá, junio de 2015. Melva Trujillo se encontraba en una avanzada edad, en condiciones físicas y mentales visiblemente deterioradas por el paso de los años, algo normal en todos los seres humanos, pero era vanidosa, elegante y con porte de duquesa sacada de la mismísima corte de Luis XIV “El Rey Sol”, y a pesar de necesitar de una persona que le atendiera, nunca se le vio menguada, ya que cómo diría Charles Chaplin, “el tiempo es el mejor autor, y siempre encuentra un final perfecto”.

Parafraseando al científico y nobel de medicina de 1906 español, Santiago Ramón y Cajal, “lo más triste de la vejez es carecer de un mañana”, y en el caso de Melva se podría decir que “si tuvo un mañana”.

Es normal, que con todo el amor que un padre le brinda a un hijo estos a su vez quieran lo mejor para su progenitores, se podría decir que es una máxima de la vida, y en Colombia, un país donde el valor de la familia atraviesa prácticamente todos los entretejidos culturales de la sociedad, se vive la vejez de nuestros seres queridos de una manera muy particular.

Ese fue el caso de Nohora Elizabeth Hoyos Trujillo, Directora Ejecutiva de la Corporación Maloka, hija de Melva Trujillo, pero también madre y abuela a su vez, y como todo hijo, deseaba lo mejor para quien a la luz de sus ojos le habría brindado todo el amor del mundo: Su madre. “Con todo el amor que ella me daba, solo quería darle lo mejor y poder acceder a un sitio en donde tuviera todas las comodidades y servicios para una persona de su edad, lo único que tenía claro es que no quería que fuera en un hogar geriátrico”, indicó Hoyos Trujillo.

Antes de encontrar a Vivenza, “la búsqueda fue deprimente”, ya que no era posible encontrar un lugar que cumpliera con la visión integral del ser humano que ella deseaba para su madre, “un lugar donde pudiera estar en contacto con la naturaleza, y que además se pudiera integrar con las diversas generaciones”.
 
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Foto: Atrás izquierda a derecha: Lina María Báez Hoyos, nieta; Nohora Elizabeth Hoyos, hija; Adelante de izquierda a derecha Melva Trujillo, abuela y bisabuela (fallecida). Y Gabriela Taboada Báez, nieta y bisnieta- cuatro generaciones.
Gracias a una amiga en común, Nohora Elizabeth encontró la mejor oportunidad para su madre en la Urbanización Vivenza, ubicada en Chía, Cundinamarca, a tan solo 10 kilómetros al norte de Bogotá, sobre la carretera que conduce hacia el municipio de Zipaquirá, y cuando llegó, no dudo que su mamá estaría allí hasta el final de sus días, como finalmente sucedió.

Había concursos de tango, todos se reían y se divertían, y fue entonces cuando tomó la decisión de trasladarla allí, porque, entre todo, “no había nada que lo superara, es más, Vivenza superaba todas mis expectativas”, dijo.

“Busqué un apartamento que pudiera arrendarse, lo cual ocurrió”, la siguiente semana, su madre estaba viviendo en el primer piso del edificio principal, con la posibilidad de ver una exposición de arte pasando por una piscina con hidromasaje, una huerta familiar, baño turco, restaurante, sala de juegos, una capilla u oratorio que respeta todas las religiones, entre otros, “era un sueño, la biblioteca, para ella como excelente lectora, era como estar en la tierra de nunca jamás con la cantidad de libros que allí había”, y como dice el antiguo proverbio japonés “Sólo en medio de la actividad desearás vivir cien años”, y eso fue lo que deseó Melva Trujillo.

El cambio en la calidad de vida de Melba fue insondable, “los fines de semana cuando la iba a visitar, tenía acceso a un excelente restaurante que si no queríamos asistir personalmente ellos lo llevaban al apartamento, para hacer el mercado o cualquier cosa adicional, dentro de las instalaciones un centro comercial, y el carrito de compras podía entrar directamente a la vivienda, de manera que la comodidad era absoluta, hasta el manicure iban y se lo hacían en casa”, enfatizó la Directora de Maloka.

Desde su llegada al complejo de Vivenza, la señora Trujillo se unió al grupo del huerto, donde se divertía cultivando plantas y vegetales, se acopló además al Círculo Literario de la urbanización donde desarrollaba sus facultades y capacidades intelectuales al máximo, dándole una nueva chispa a su vida, que lejos distaba del ocaso en ese momento.

Poco a poco la familia Hoyos Trujillo fue conociendo a la comunidad de Vivenza, personas cultas con altos principios éticos y morales, solidarios, alegres, manos amigas, que permitieron a toda el linaje, en especial a Melva, sentirse parte de una gran familia.

Como recuerda Nohora Elizabeth, “para mis hijos y nietos fue transformador, porque ellos se sentían muy a gusto en Vivenza, seguros y felices porque podían entrar a la piscina, correr y jugar sin molestar a nadie como hubiera ocurrido en un hogar geriátrico”, apuntó.

Prolongo, “fue algo muy valioso, nos hicimos amigos de tres generaciones que viven en el club residencial, en las casas grandes, en las villas y en los apartamentos, de manera que esa transversalidad de abuelos, padres e hijos, se evidenció de manera muy clara”.

Después de un año de vivir en arriendo, la familia de Melva tomó la decisión de comprar el apartamento 337, y Nohora Elizabeth, recuerda con nostalgia, que la época de Vivenza fue la más feliz para su madre por todo lo que vivió, alternativas, amistades, diversión, descanso, recreación y momentos en familia, con toda la gratitud y reconocimiento para esa gran familia que hizo a su mamá feliz.

Finalmente, por cuestiones de la vida, Melva tuvo que dejar el complejo de Vivenza a la clínica para trascender al más allá, ese lugar donde se sintió amada, respetada, valorada y dignificada en el decline de su vida. Y como dijo Confucio “¿Me preguntas por qué compro arroz y flores? Compro arroz para vivir y flores para tener algo por lo que vivir”.
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Sarah Lee Méndez

Directora / Jefe de Prensa / Editora Contenido / Fotógrafa / Twitters: @AnastasiaLeeEdi @revistawhatsup / Instagram @sarahleefotografia

Con más de una década de experiencia en relaciones públicas, manejo de redes sociales, CM, diseño de Blogs, fotógrafa para eventos.

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