jueves, 3 de diciembre de 2015

Fundación Mi Sangre presenta Art Guitar Guitarras que tocan el corazón y la conciencia

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30 Guitarras Yamaha convertidas en obras de arte serán vendidas para recoger fondos para los programas y proyectos que adelanta la Fundación liderada por Juanes para rescatar de la violencia a niños y jóvenes. Artistas plásticos y músicos nacionales e internacionales se suman a una iniciativa que trabaja a diario por formar constructores de paz.

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Cuando instrumentos musicales y letras se funden para producir obras de arte que se hacen canciones, todo puede pasar. Si a ello se le suma la plástica se traducen en ideas inspiradoras. Es lo que sucederá en Art Guitar, una iniciativa de la Fundación Mi Sangre en la que el próximo 16 de diciembre en Bogotá se presentarán 30 guitarras intervenidas por 30 artistas diferentes.

Ese día, pintura, escultura y todas las expresiones posibles del arte se conjugarán en un solo instrumento para tocar la conciencia y promover la transformación social, a través de un evento al que asistirán líderes de opinión, artistas de arte, amigos y medios de comunicación convocados por la fundación que lidera Juan Esteban Aristizábal, Juanes.

Cada instrumento pinta mundos en donde los cantos no son para oír sino para ver, unos más surrealistas que otros, pero todos con el propósito de sonar en el pensamiento y en el corazón.

Cada una de las 30 guitarras donadas por Yamaha tuvo una intervención artística gracias al trabajo y compromiso asumido por reconocidos artistas plásticos y se venderán, a 25 millones de pesos cada una, con el propósito de recaudar fondos que que la Fundación Mi Sangre destinará al trabajo social que realiza.  

Nombres como los de Alfonso Ariza, Andrés Matías Pinilla, Carlos Blanco, Carlos Jacanamijoy, Carolina Convers, Cristóbal Gaviria, Diana Drews, Diego Mazuera, Elsa Zambrano, Germán Londoño, Guillermo Londoño, Gustavo Vejarano, Javier Vanegas, Luis Luna, Nadín Ospina, Pedro Ruiz, Pilar Copete, Santiago Cárdenas yHugo Zapata, están en la lista de quienes tocaron las guitarras con su arte.

Junto a ellos también están músicos y cantantes como Tony Bennett, Juan Luis Guerra, Carlos Vives, J. Balvin, Miguel Bosé, Fonsecay por supuesto Juanes. Y los reconocidos artistas cubanos Alexis Leyva Machado, Roberto Fabelo, Tomás Sánchez y José Bedía.

Los compradores, a la vez que adquirirán una obra de arte única, se convertirán en Constructores de PAZ al apoyar así la realización de proyectos en los que niños, niñas y jóvenes pueden convertirse en líderes de cambio en sus territorios. Además, cada uno recibirá un certificado de donación por la compra, en el que no está contemplado el valor simbólico de la obra del artista.

Acordes para construir una sociedad pacífica
“Mi guitarra es mi alma. Mi arma de Paz”, dice Juanes, fundador e inspirador de Fundación ‘Mi Sangre’.

Con esa claridad surge Art Guitar junto a la certeza de la Fundación Mi Sangre que ve en la música y todas las manifestaciones artísticas, herramientas que potencializan la creatividad, comunican el estado de la mente y el cuerpo, propician conexiones cerebrales que estimulan la empatía y el aprendizaje a través del juego y ayudan a construir nuevos imaginarios y roles de participación positiva. 

El trabajo realizado a lo largo de nueve años permitió a la fundación comprobar que el arte y la lúdica son herramientas de transformación pedagógicas y lenguajes que causan gran impacto y despiertan habilidades sociales y emocionales que ayudan a niños y jóvenes a convertirse en líderes de cambio en su comunidad.

Por eso el evento del 16 de diciembre constituye una gran convocatoria para que empresarios, instituciones y personas del común sumen en el compromiso de ayudar a cerrar las heridas de la violencia y crear una cultura de paz y servirá, además, para que la fundación alcance sus objetivos de construir tejido social fortaleciendo sus proyectos para apoyar a niños, niñas y jóvenes afectados por la violencia y el conflicto.

“Esos fondos van dirigidos a cumplir con dos objetivos. Por un lado, apoyar nuestros programas de Acompañamiento Psicosocial a niños, niñas y adolescentes, y el Programa Educación para la Pazque adelanta la fundación a través de la música y la lúdica. El segundo objetivo es generar conciencia y sensibilidad frente a la problemática de la violencia y conocer las posibilidades que hay para transformar esa realidad”, explica Catalina Cock, Directora Ejecutiva de Fundación Mi Sangre.

Con el apoyo de Yamaha, Casa Editorial El Tiempo Casa Editorial, Avianca, Movich, Tigo Music, Éxito, Bavaria, Bancolombia, Unidos en Red, Jack Daniel’s y el Teatro Colón de Bogotá.
FUNDACIÓN MI SANGRE CONSTRUYENDO PAZ

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La Fundación Mi Sangre trabaja en un país en donde la violencia es un fenómeno que ha golpeado durante más de 60 años, violencia que ha creado un círculo vicioso que tiene sus raíces en factores como la inequidad, el narcotráfico, la ausencia de un sistema judicial efectivo y la falta de educación de calidad, entre otros muchos. 

Tan arraigado está este fenómeno que por generaciones ha dejado un enorme número de víctimas entre las que los niños, niñas y jóvenes son una de las poblaciones más vulnerables y expuestas a sus consecuencias, si bien afecta a todos los miembros de la comunidad. También ha causado una profunda huella de alteraciones psicosociales, del entorno familiar, dolor, desesperanza, resentimiento, pérdida de confianza y ruptura del tejido social, entre muchas otras consecuencias.

La Fundación es una organización sin ánimo de lucro que cree que la Paz se construye desde cada ser.  Fue fundada hace nueve años por el cantante, compositor y líder social Juan Esteban Aristizábal, Juanes, para cocrear entornos protectores para que niños y jóvenes descubran y ejerzan sus poderes como constructores de paz.

Desde entonces se ha centrado en desarrollar e implementar metodologías de educación para la paz y acompañamiento psicosocial a través del arte y la lúdica empoderando a niños y jóvenes en el ejercicio de su ciudadanía para que puedan participar activamente y promover una cultura de paz desde su territorio.

De esta forma aborda problemáticas como el reclutamiento forzado, el trabajo infantil, el consumo de sustancias psicoactivas y distintos tipos de violencia y vulneración de derechos.

A través de su trabajo la Fundación Mi Sangre entendió que ser violento no es solamente pertenecer a un grupo armado sino que es también la incapacidad de reconocer, respetar y aceptar la esencia del otro, lo cual desemboca en un fenómeno de violación de derechos creciente.

Pero también comprobó que ese ciclo violento se puede romper construyendo una cultura de Paz a partir de cada individuo, con acciones cotidianas a través de acuerdos que permitan resolver conflictos y que parten desde el ambiente en familia, las aulas de clase o el trabajo de líderes en los barrios con apoyo de la comunidad.

Su trabajo se enfoca especialmente en los niños porque ellos representan una fuerza de cambio y transformación que los hace potenciales constructores de paz gracias a su empatía, a que son conscientes de su sentir, su saber y su contexto, y capaces de transformar creativamente sus conflictos y ejercer su ciudadanía en forma responsable, crítica, propositiva y participativa.

Sin embargo es una tarea que requiere del apoyo de docentes, líderes sociales, padres de familia y la participación de entidades nacionales e internacionales.

La propuesta de la Fundación Mi Sangre ha impactado a lo largo de casi 10 años a más de 600 mil personas en 35 municipios y 7 departamentos del país.

Casi diez años transformando realidades y ‘Pazandola’ bien
Como se mencionaba anteriormente Educación para Paz es un programa a través del cual la Fundación Mi Sangre busca contribuir para que los niños, niñas, adolescentes y jóvenes vivan la ciudadanía como constructores de paz, por medio de una formación basada en el arte y la lúdica, con la participación de la familia, la sociedad y el sector educativo.

Esto es posible gracias a la implementación de la metodología ‘Pazalobien’ y su componente Líderes de Cambio, validados y desarrollados por la fundación desde 2011 en 25 municipios de Colombia. ‘Pazalobien’ busca formar ciudadanos curiosos y dispuestos a construir un mundo en paz a través de la experiencia artística y lúdica.

Entre tanto, el componente metodológico Líderes de Cambio contribuye al desarrollo de habilidades para la vida y el emprendimiento social de adolescentes y jóvenes en situación de riesgo, al permitir que vivan una transformación personal que los motive a convertirse en agentes de cambio capaces de cocrear y dar solución a las problemáticas de sus comunidades a través de la empatía, el liderazgo, el trabajo en equipo y la solución creativa de problemas.

Con estos y otros programas y proyectos durante 9 años, la Fundación Mi Sangre ha  impactado directamente a más de 99.229e indirectamente a505.457 niños, jóvenes y adultos significativos, para un total de 604.686en 35Municipios y7 departamentos del territorio colombiano.

“Tenemos certeza sobre el momento histórico que se vive con las conversaciones de paz. Pero más allá de que éstas concluyan o no, al interior de la Fundación hay el convencimiento de que la paz no se construye sólo en una mesa de negociaciones, sino en la mesa de la casa, del colegio o de los amigos. Y eso hacemos: educar para una cultura de paz a través del arte y la música, porque estamos convencidos de que todos podemos contribuir con ese sueño”, dice Catalina Cock. 

Juanes abre puertas y ‘Mi Sangre’ se encarga de mantenerlas abiertas. Él sensibiliza, moviliza y va creando poco a poco eso que la fundación llama una ‘Comunidad de Constructores de Paz’,  constituida por universidades, empresas y ciudadanos del común que creen en la posibilidad de transformar el mundo desde el individuo.

Su gran poder está en movilizar a muchos. A universidades, para que los estudiantes desarrollen sus proyectos a favor de los niños, a centros de investigación para hacer evaluaciones de paz o investigaciones asociadas a su causa. O a voluntarios dispuestos a donar su tiempo de trabajo en favor de lo que hace y a empresas privadas para alinear iniciativas de empleabilidad u otras con sus proyectos. Al fin y al cabo, ‘Mi sangre’ es la sangre de todos.

EL DÍA QUE LLEGÓ EL TIEMPO DE CAMBIAR

El trabajo de Fundación Mi Sangre está lleno de historias de jóvenes que encontraron en el arte y la lúdica la forma de construir paz y alejarse de la violencia. Todos ellos, como muchos más, son el reflejo de lo que hace la unión de voluntades. 

Harrison Posada, sacudiéndole el polvo a la memoria
Cuando paramilitares y guerrilleros se disputaban la región, en Toledo (Antioquia) Harrison apenas pudo empezar a cursar su primer año de escuela. Tenía 12 años. Desde ese momento germinó en él una inquietud que lo impulsó a conocer más sobre su origen y el de su pueblo. ¿Quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿qué puedo hacer?, fueron preguntas que alimentaron a diario su actividad.

Empezó a preguntarse si a esa edad él no había empezado a estudiar, cuántos niños incluso mayores que él estarían en igual situación. Se le escapó a la violencia para explorar en la música, una actitud innata, y finalmente encontró que la memoria histórica y el patrimonio cultural de su pueblo estaban cubiertos por una espesa capa de olvido que debía limpiar.

Así comenzó a llamar la atención sobre el problema ambiental que produciría la inundación de la represa de Ituango, hizo de la emisora que llevaba cuatro años sin funcionar una herramienta e inició una exploración por la memoria histórica y cultural de su pueblo.

“Encontré en la comunicación y la preservación de ese patrimonio mi vocación. Somos un pueblo que necesita despertar”, afirma este joven de 27 años. “Mi propuesta de cambio es que Toledo conozca su historia y se identifique con su cultura y por medio de proyectos como los de la Fundación Mi Sangre podemos conocer mucha gente y con la colaboración de todos hacer mucho. Eso es importante y me permite saber que sí puedo y que no estoy solo”.

Ana María y el ‘virus’ del positivismo
Ana María Galvis Herrera tiene 18 años. Una edad escasa, pero toda una vida de iniciativa. Es una hija adoptiva de Chigorodó, pues hasta los 7 años creció sentada en las piernas de su abuelo oyendo historias en Anserma, Caldas.

Pero por cosas de la vida la familia debió viajar y se radicó en el Urabá antioqueño, un lugar donde la violencia golpeó con toda su furia a la región bananera y se ensañó con los más jóvenes. La expresión artística no tenía espacio, las tragedias bañadas en alcohol eran el pan de cada día y los embarazos en adolescentes parecían una epidemia. Era normal atravesar el pueblo y encontrarse un muerto en el camino.

Entonces surgió Jóvenes de Chigorodó pensando diferente, una invitación al cambio sustentada en un decálogo de opciones para la vida que se multiplicaron en la mente de los muchachos y los fue contagiando para que cada vez más jóvenes se unieran al grupo. Ana María fue una de las que “enfermó” de iniciativa y positivismo.

Los jóvenes iluminaron con sus ideas el pueblo, los habitantes echaron sus miedos al río navegando en hojas secas con velas encendidas, las paredes se llenaron de murales y las calles de muchachos dispuestos a cambiar las cosas y cerrarle las puertas a la violencia. “Un joven que no utilice su juventud para rebelarse, no está siendo joven”, dice Ana María.   

Esa rebeldía era la forma de decirles a los adultos que si ellos no pudieron, o no quisieron, no se iban a quedar cruzados de brazos porque cuando los problemas abundan la mejor manera de acabarlos es enfrentándolos. 

“No nos íbamos a quedar en las problemáticas sino que queríamos mostrarles a los adultos que si ellos no fueron capaces, nosotros sí porque lo que se viene es para nosotros. La Fundación tiene programas dirigidos a los jóvenes que les muestran que todo lo que se propongan lo pueden hacer con un poco de perseverancia. Nos dio  esperanza de ver que las cosas se pueden cambiar y no tenemos que esperar que los otros lo hagan”.

Salvados de las balas
La violencia en las calles de Medellín estuvo a punto de llevarse dos vidas más por delante, más que con las balas, con el rencor. Una de ellas, la de Giovanni Moreno, a quien conocen como ‘El Niche’, quien llegó a la ciudad, como muchos, víctima del desplazamiento desde Puerto Berrío.

El rencor y el resentimiento por lo que les sucedió a él y a su familia lo llevó a involucrarse con combos armados como respuesta a la rabia que sentía. Pero el barrio 13 de noviembre, de la Comuna 8, fue el epicentro de su cambio un día que quiso darle más sentido a su vida a través del arte y la música. Fue el terreno perfecto para abonar cuando llegó la fundación a su vida. 

“La Fundación Mi Sangre me permitió conocer de cerca la metodología ‘Pazalobien’ y me apoyaron mucho, hicieron conmigo un trabajo desde el ser. Fue esa chispita que me impulsó a hacer demasiadas cosas”, cuenta. Hoy él dirige AK-47, un semillero de Hip-Hop, en el que trabaja con niños, niñas, adolescentes y jóvenes en graffiti, break-dance, rap y todo lo que él aprendió por años de la expresión artística desde lo urbano.

“Esto me impulsó a hacer muchas cosas por mi comuna y por mí mismo y es una forma de ayudar a cambiar la vida de muchos jóvenes. Yo creo que la solución de muchos problemas se puede hallar desde el arte como una herramienta de transformación”, dice Giovanni.

Muy cerca de allí, también en la Comuna 8, está Candelo, quien creció viendo a su padre como actor del conflicto armado de la ciudad, pero cuya muerte lo llevó a sumergirse también en ese mundo como una forma de venganza. Cuando llegó el día de tomar una vida en sus manos, su dedo se rehusó porque un repentino haz de sentido común le indicó sería como asesinarse él mismo.

Deambuló por la ciudad en busca de respuestas y encontró un grupo de muchachos que hacían hip- hop y algo que lo llenaba por primera vez.

“La llegada de la Fundación tiempo después fue uno de los motores principales para la transformación de mi vida, porque me enseñó a relacionarme con otras personas. Tomé la decisión de hacer mi propio proceso y así nació el proyecto ‘La guardería del hip-hop’ en la Comuna 9, junto a otros dos compañeros. Decidimos darles a esos niños lo que un día nos dieron a nosotros: otra opción de vida con el propósito de crear antes que artistas, personas aptas para la familia y para la sociedad”. 

Más información sobre Art Guitar 

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Sarah Lee Méndez

Directora / Jefe de Prensa / Editora Contenido / Fotógrafa / Twitters: @AnastasiaLeeEdi @revistawhatsup / Instagram @sarahleefotografia

Con más de una década de experiencia en relaciones públicas, manejo de redes sociales, CM, diseño de Blogs, fotógrafa para eventos.

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