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viernes, 10 de agosto de 2018

“Caí hasta lo más bajo que pude” | Las desgracias de Johnny Depp

El actor pasa por su peor momento. Tiene demandas multimillonarias en su contra, un estilo de vida que no puede pagar y una vida amorosa desastrosa.
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Johnny Depp cayó en bancarrota y depresión. Perdió dinero, amigos y, lo más importante, su felicidad.

Johnny Depp ha ganado más de tres mil millones de dólares con sus películas y ya se gastó prácticamente todo. En los últimos 18 meses solo ha habido malas noticias para el actor: está involucrado en una disputa legal con su anterior grupo de contabilidad The Management Group, dirigido por su antiguo mánager, Joel Mandel; se divorció por completo de su exesposa Amber Heard, quien además lo acusó de violencia doméstica; y varios rumores indicaban que no podía recordar los diálogos en sus últimas películas y que se los repetían por un auricular.

Después de enviarle 200 mails para una entrevista me respondió que fuera a Londres para visitarlo en la mansión de 10.500 metros cuadrados que tiene rentada. Durante mi estadía de tres días, Depp es gracioso e incoherente, y tiene una mirada miedosa y retadora. Nuestras conversaciones comienzan de noche y terminan al amanecer. Con una copa de vino y un cigarrillo de marihuana y tabaco, Depp habla conmigo y con Waldman (quien parece ser su único confidente), un abogado que conoció hace dos años.

Le pregunto cuál fue su primera gran compra cuando comenzó a ganar dinero. Mientras enrolla otro cigarrillo me cuenta que fue una casa para su madre, a pesar de que “era el ser humano más miserable que ha conocido”. Desde 1986 hasta 2006 hizo 32 películas, desde Edward Scissorhands hasta Donnie Braso, y despegó a la fama gracias a sus actuaciones.

Su vida era demasiado ostentosa. En 1990 compró el Viper Room, un bar clandestino donde tocaban estrellas como Guns N’ Roses y Johnny Cash, en 1999 se mudó a Sunset Boulevard a un terreno de 8.000 metros cuadrados llamado “El Castillo de Drácula” y a lo largo de los años gastó miles de dólares en vino y lujos innecesarios. “Es insultante que aseguren [en TMG] que gasto 30.000 dólares al mes en vino, porque es mucho más que eso”, bromea. Y sobre el rumor de que invirtió tres millones de dólares para lanzar con un cañón las cenizas de su amigo y escritor de ROLLING STONE, Hunter S. Thompson (quien se suicidó en 2005), comentó que “fueron cinco millones y no tres”. No se necesita un psiquiatra para descifrar la influencia de Marlon Brando y Thompson en Depp, dos figuras paternas a las que no les importaba lo que el mundo pensara de ellos.

Con la muerte de ambos, Depp perdió a dos personas que entendían su fantasiosa existencia. Ahora está envuelto en una depresión de la que no puede escapar, sin sus confidentes más cercanos. Se queda callado por un momento y mira al vacío mientras piensa en su soledad. Recuerda a otro de los amigos que perdió: Tom Petty. “Nos llamábamos y le preguntaba: ‘¿Sigues fumando?’. Tom me respondía que sí y me sentía mejor. Si él lo sigue haciendo, yo estoy bien”, comentó. “Lo amaba”, se lamenta, mientras seca sus lágrimas.

Por más de una década, Depp tuvo una seguridad económica garantizada por sus éxitos en taquilla y las ganancias multimillonarias de la saga de Piratas del Caribe. Siempre había sido aclamado por la crítica, pero después de su actuación como Jack Sparrow su cuenta bancaria explotó, al igual que sus gastos. Además de darse gustos excesivos y comprar casas por doquier, su familia fue una de las grandes fugas financieras de su carrera. Según Depp, Mandel fue quien le avisó que sus gastos familiares estaban fuera de control. Mientras estaba en una grabación de Piratas del Caribe le solicitó a su asistente que imprimiera los gastos, pero él le respondió que no podía porque eran “más de 200 páginas”. Depp llamó a Mandel para saber qué estaba pasando. “Mi hermana compraba bolsos, joyería y demás para mi mamá, que estaba postrada en una cama, enferma”, se exalta. Betty Sue, su madre, murió en 2016. “Ellas pensaban que las iba a cuidar para siempre, pero yo nunca prometí eso”.

Al final de mi visita, Depp me habla sobre su profunda tristeza y su alcoholismo. “Caí hasta lo más bajo que pude”, dice, con una voz taciturna y casi lúgubre. “No podía resistir el dolor del día a día. Tomaba vodka cada mañana y escribía hasta que mis lágrimas no me dejaban ver las páginas. Me preguntaba qué había hecho para merecer esto. Siempre intenté ser bueno y honesto con todos. La honestidad es lo más importante para mí y lo sigue siendo”.

Cuando me despido de él, me agradece y bromea: “Gracias por venir y escucharme. Este podría ser tu Pulitzer”. Me alejo, mientras él regresa a su mansión (que más bien parece una prisión cercada) y cierra su gran puerta de un estrellón.

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