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Falleció el actor Manuel Busquets a los 74 años

Falleció el actor Manuel Busquets   
Recordamos al actor y director cartagenero fallecido a los 74 años.
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En la madrugada de este sábado, 3 de agosto, se dio a conocer el fallecimiento del actor Manuel Busquets, a los 74 años.  Hasta el momento, se desconocen las causas de su muerte.

El actor, nacido en Cartagena en 1945, recordado por múltiples papeles en producciones como Café, con aroma de mujer, en la que interpretó al Doctor Latorre, un personaje de alta recordación.

Participó en más más de una veintena de producciones, entre estas Sin senos no hay paraíso, Azúcar, Momposina, La otra raya del tigre, o El zorro, La espada y la rosa.

Desde temprano, las redes sociales se llenaron de imágenes suyas y fragmentos de videos con escenas de sus personajes, como este que recuerda su participación en La Pola. 
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Un texto para recordarlo
A continuación, honramos su memoria con un fragmento sobre su vida y sus batallas personales, publicado por la periodista Sandra Pino, en la revista Aló, de esta casa editorial, en el 2003:

Cuando Manuel Busquets pasaba por su edad de la adolescencia, en los años sesenta, la época fuerte del 'hipismo' en la que quien fumaba marihuana era intelectual, escuchaba rock y leía a los más grandes escritores en medio de tertulias. 

Era la época en la que Colombia en el exterior tenía la imagen de Juan Valdés, el embajador del café, y los norteamericanos pensaban que aún vivíamos en las copas de los árboles, con taparrabos. 

Y como ahora, los papás en la Costa les ofrecían ron o aguardiente a sus hijos a temprana edad, demostrando a los amigos lo machos que eran sus herederos. Fue desde aquellos tiempos cuando este jovencito conoció el sabor del licor, que comenzó a formar parte de su cotidianidad, de sus labores de intelectual y de su desgracia. 

Treinta años después, cuando el alcohol y la droga le ganaron la partida, Manuel se sumió en la más oscura soledad. Para sus colegas, amigos y familiares, la vida de este actor estaba marcada por la estrella del éxito, por eso, cuando a mediados de 1960 decidió irse a probar suerte a los Estados Unidos, a estudiar, nadie dudó que regresaría triunfante y airoso:  
"¿En el año 66 y al entrar a la universidad en Canadá tuve mi primer trabajo: manejar la polaroid de la Universidad y por lo tanto hacer las fotos de todos los carnés, porque aquel recinto en artes escénicas se estaba inaugurando. Todo lo que tocaba se convertía en oro, era el Rey Midas, todo se volvía maravilloso, nunca tuve que sobrevivir lavando platos o barriendo..."
En medio de este paraíso, pisó el infierno: conoció los ácidos y comenzó a viajar por el recóndito mundo de su mente y las fantasías de los alucinógenos, pero su prioridad era estudiar y evolucionar, y la juventud y la templanza de su carácter le hacían mantener la lucidez y la disciplina necesarias. 
La pasión y el infierno
En medio de sus ires y venires por los Estados Unidos, en unas vacaciones de verano, en Los Ángeles, se volvió a encontrar con Paul Foster, un reconocido director americano que le había presentado en Colombia el maestro Negret. 
"Me invitó a quedarme un tiempo más, pues sabía que estaba de descanso. Se estaba presentado la obra Herts, a la que yo asistía todas las noches con Paul. Un día se enfermó uno de los muchachos y me metieron de una a escena".
En adelante no dejó de actuar, encontró un espacio en aquel mundo tan complejo y llenó de 'roscas', pero donde su talento sobrepasó esos umbrales y lo encaminó a robarse el estrellato en el teatro.

Fue después de aquella temporada cuando comenzó a descubrir su amor por el trabajo con los niños: 
"Con el tiempo, cuando me iba a graduar en la universidad en arte dramático, teníamos que montar obras para colegios y escuelas con las que llegamos hasta Alaska, tres colegios al día, elementales, intermedia y College, y descubrí a estos seres que me regalaban su energía. Me disfrazaba de oso, entonces no tenía identidad como ser real. Aprendí que a ellos no se les puede engañar, les tienes que dar todo. Si llegaba enguayabado, los perdía porque no les transmitía y mucho menos les divertía"
Cuando regresó a Colombia fue llamado para dirigir el departamento de radio, cine y televisión.

Toni Navia le pidió que se encargara del programa infantil Pequeños gigantes por una corta temporada: 
"Me reencontré con los niños y fue maravilloso. En esa 'cochada' estaban Carlos Vives, Roberto Cano, Carolina Sabino, Juan Sebastián Aragón, Las García. . . y me quedé cuatro años dedicado en cuerpo y alma a ellos, pero también al licor y a la droga. . . Yo tenía ya en esa época mucho dinero, mi propia compañía de cine, en fin, era lo máximo, pero toqué fondo. Sólo pensaba en tomar sin que los niños me olieran el tufo o alguien me llamara la atención. 
"Renuncié y me dediqué a despilfarrar a manos llenas, pero ya sin producir. Comencé a perderlo todo, mis propiedades, mi fortuna, me quedé con esta casita en el campo, donde sigo viviendo".
Fueron cinco largos años, en los que Manuel perdió no solo lo material, sino también los amigos y se alejó por completo de la familia: 
"Quién iba a querer estar al lado de un borracho fastidioso y más después de tanto decirme y tratar de ayudarme. Todos se rindieron menos yo, que me quedé allí pegado, me levantaba y me fumaba un cacho de marihuana, luego iba a la cocina y cogía a picos a mi amante (la botella de aguardiente) y luego cocaína y dele todo el día y la noche; cinco años en los que no recuerdo nada más, sólo oscuridad". 
Un día cualquiera un amigo suyo de muchos años, y quizás el único que le quedaba en aquel entonces, le pidió que lo llevara a un congreso de sanación en el Coliseo de Bogotá: 
"Yo recuerdo que era 1992, mi amigo tenía una enfermedad terminal, estaba completamente parapléjico, apenas sí podía hablar y me rogó que lo llevara. Me convenció y fuimos a comprar las boletas pero se habían acabado". 
Sin embargo, golpeó la puerta de la librería que las vendía y allí una anciana se las regaló.  En el Coliseo comenzó el proceso de sanación, y de repente el amigo de Manuel empezó a sentirse mucho mejor, mientas Manuel se dio cuenta que de un momento a otro no sentía deseos de volver a tomar ni consumir drogas.La resurrección.





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Al día siguiente, Manuel se levantó y en sano juicio se dio cuenta que no había qué comer, que las cuentas estaban liquidándolo y que debía volver a comenzar a tocar puertas a ver quién creía todavía en él: 
"Recurrí a mis viejos amigos, pero lógicamente quién te va a creer el cuentito de que ayer dejé de beber, soy un hombre nuevo, nadie. A los pocos días el teléfono sonó y era el director de televisión Carlos Mayolo para ofrecerme trabajo... Desde ahí no volví a parar, hice La otra raya del tigre, Café... en fin, aquella estrella con la que había nacido para triunfar volvía a iluminar mi camino". 
"Ahora, soy feliz aunque aun estoy pagando deudas horribles de aquella época, pero tengo la vitalidad para seguir luchando, trabajando y volviendo a emprender labores por los niños, el público más desprotegido de este país y el que más necesita atención".
Actualmente Manuel  combina su trabajo actoral con su escuela Planeta Niños, donde pequeños desde los tres años acuden todos los sábados o toda la época de vacaciones a aprender danza, teatro, expresión artística y, sobre todo, a tener autoestima,  para que nunca se dejen vencer por aquello a lo que él no supo decir ¡no!: 
"El otro día, uno de mis niños me preguntó que por qué si yo en esa época fumaba marihuana, consumía cocaína y tomaba trago, hacía en el cine y la televisión cosas tan buenas, y lo único que tuve para contestarle fue: '¿Te imaginas lo que hubiera logrado hacer si hubiese estado sobrio'. Yo sólo quiero que ellos, conociendo mi caso, tomen la precaución y ojalá nunca lleguen a hacerlo", concluye con la mirada que solo dejan ver los ojos y la transparencia de un niño inocente.
FUENTE - Redacción EL TIEMPO
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