- ● En medio de la emergencia invernal que impacta a más de 71.115 familias, el Proyecto Coclí demuestra que conservar los bosques y mejorar la productividad agrícola de la mano.
- ● La iniciativa impulsa la deforestación cero, formalización laboral y herramientas tecnológicas que ayudan a decidir dónde producir y dónde conservar en la producción de palma de aceite.
La emergencia fluvial que vive el país no es un hecho aislado. Por el contrario, vuelve a poner sobre la mesa una advertencia que la ciencia ha repetido durante años. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) ha documentado que cuando se pierden bosques, el territorio pierde también su capacidad de regular las lluvias, disminuir la fuerza de las inundaciones y capturar carbono, es decir, absorber parte de los gases que calientan el planeta.
De hecho, el IPCC señala que la protección y restauración de bosques podría aportar hasta el 37% de la mitigación necesaria para mantener el calentamiento por debajo de los 2 °C al 2030. En palabras simples: cuidar los bosques no es un gesto simbólico, es una acción concreta frente al cambio climático.
Hoy, esa realidad se siente con fuerza. Las lluvias en el país afectan a más de 148 municipios y al menos 71.115 familias, de acuerdo con la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios. En este escenario, los resultados preliminares del Proyecto Coclí, una alianza entre BASF y Solidaridad, confirman que la transición hacia una agricultura sostenible es tan viable como urgente.
Solo en 2024, BASF, el gigante químico alemán, empleó 390 toneladas métricas de aceite de palma como insumo para el desarrollo de gran parte de sus soluciones en Químicos del Cuidado. Como uno de los principales consumidores de aceite de palma, BASF promueve prácticas de compra responsable y fomenta el cultivo sostenible a través de iniciativas como el Proyecto Coclí.
La iniciativa, que acompaña a pequeños productores en el norte, centro y suroccidente de Colombia, demuestra que la educación y la asistencia técnica son los motores del cambio. Su enfoque integral busca garantizar la deforestación cero, optimizar la gestión ambiental, potenciar la productividad y dignificar las condiciones laborales. Preparando a los agricultores ante situaciones como la que vivimos actualmente.
“A mí me da orgullo cuando entro a la reserva boscosa en mi finca y encuentro pisadas de armadillos o de venados. Es necesario que nos actualicemos en los conocimientos técnicos sobre el cultivo de palma, sin quitar de raíz el saber ancestral de cuidar las especies de estas áreas boscosas para un beneficio futuro”, asegura Aristides Klinger, palmicultor en Tumaco, Nariño.
Tras su primer año de ejecución, el proyecto, implementado en alianza con Fedepalma, Cenipalma y plantas extractoras que procesan la fruta de pequeños productores, ha logrado aplicar mejores prácticas ambientales en 118.729 hectáreas de cultivos de palma como la protección de zonas cercanas a ríos, la creación de corredores para fauna y el adecuado manejo en el uso de soluciones agrícolas en áreas sensibles. Acciones esenciales para mitigar impactos en biodiversidad, proteger y fortalecer la regulación hídrica de los territorios.
En Colombia, el sector palmicultor es un motor estratégico para el desarrollo rural y la protección ambiental. Según Fedepalma, en 2023 representó el 12,1% del PIB agrícola y generó más de 180.000 empleos, beneficiando a más de 6.700 productores, de los cuales el 85% son pequeños propietarios.
Además de la protección de Áreas de Alto Valor de Conservación (AVC), Coclí también ha acompañado técnicamente a 1.577 productores de palma, impulsando mejores condiciones laborales para 1.167 trabajadores y reduciendo la informalidad de 583 trabajadores que ya cuentan con contratación legal. Resultados que reflejan un trabajo articulado, al tiempo que reafirman el compromiso con el desarrollo productivo, social y ambiental del sector.
El Proyecto Coclí no ha dejado solo cifras, está consolidando una metodología que combina tecnología, formación en campo y articulación institucional. Y, sobre todo, envía un mensaje claro en medio de la temporada de lluvias: proteger los bosques, ordenar el territorio y formalizar el trabajo rural no son agendas separadas, son partes de una misma estrategia para que el campo colombiano sea más fuerte, justo y resiliente frente al cambio climático y una fuente de recurso sostenible para necesidades locales y extranjeras.
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