Drones potencian el control biológico de plagas en cultivos de caña de Providencia

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Drones potencian el control biológico de plagas en cultivos de caña de Providencia

Control biológico: manejo de plagas en armonía con el medioambiente 

  • Mientras el uso de químicos sigue siendo común en la agricultura, Providencia implementa el control biológico de plagas, una alternativa que utiliza soluciones naturales y contribuye al equilibrio ambiental.
  • El uso de tecnología como drones de precisión, permite reforzar y aumentar la eficiencia del control biológico en campo, cubriendo hasta 200 hectáreas por día.
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En los cultivos de caña de azúcar, la cosecha depende tanto de la productividad como de las dinámicas naturales del entorno. Métodos como el control biológico permiten intervenir los cultivos respetando esos procesos intrínsecos de la naturaleza, mientras mantienen la productividad de los mismos. 

Cuando se habla de plagas, se hace referencia a insectos que afectan los cultivos. Sin embargo, en la naturaleza cada especie tiene un regulador natural capaz de mantener ese equilibrio. Bajo esta premisa, Providencia, empresa colombiana del sector agroindustrial de la caña, implementa el control biológico, un método que replica estos procesos naturales mediante el uso de insectos benéficos —organismos que ayudan a controlar plagas sin generar daño al entorno— criados en laboratorio. 
Este tipo de prácticas demuestra que es posible intervenir los cultivos sin romper el equilibrio del entorno. “La naturaleza ya tiene sus propios mecanismos de regulación. El reto está en comprenderlos y acompañarlos”, explica Marcela Montoya, líder del control fitosanitario en Providencia. “Es similar a lo que ocurre en el cuerpo humano: muchas veces se regula por sí solo, pero en algunos momentos necesita un apoyo para fortalecer ese proceso. En el cultivo pasa lo mismo. El uso de insectos benéficos implica entender el ciclo, el nivel de infestación y el comportamiento de la plaga, para intervenir de forma oportuna y cuidar tanto la producción como la tierra”.
Además, al basarse en el uso de insectos benéficos para manejar plagas, el control biológico no necesita químicos ni componentes adicionales que, aunque efectivos en el corto plazo, pueden generar efectos negativos sobre el suelo, el agua y otros organismos del ecosistema. En lugar de alterar ese equilibrio, el control biológico lo potencia: aprovecha relaciones naturales para controlar las plagas sin intervenir de forma agresiva el entorno, permitiendo que el cultivo se mantenga productivo mientras conserva las dinámicas propias de la tierra.
“Los cultivos de caña hacen parte de un sistema vivo. Por eso, cada intervención debe procurar cuidar el entorno y mantener el equilibrio natural. Al usar control biológico en lugar de fumigantes químicos, logramos manejar las plagas sin dejar de lado el cuidado del medioambiente. En otras palabras, es una forma de producir cuidando la tierra”, concluyó Marcela. 
De la experiencia en campo a la precisión tecnológica
La implementación del control biológico combina conocimiento en campo con tecnología de precisión, permitiendo intervenir el cultivo de forma oportuna y acorde con sus dinámicas naturales. En algunos cultivos, los trabajadores recorren los surcos e introducen manualmente los insectos benéficos, guiados por su experiencia y conocimiento del terreno. En otros, drones sobrevuelan los cultivos y permiten su distribución de forma controlada, cubriendo hasta 200 hectáreas por día con precisión.

Esta combinación no solo mejora la eficiencia del proceso, sino que mantiene la lógica natural del ecosistema. Al facilitar que más del 90% de los huevos se desarrollen minutos después de su introducción, se acelera un proceso que ya ocurre en la naturaleza, sin necesidad de alterar el entorno y reduciendo la necesidad de recurrir a químicos y contribuyendo al cuidado del suelo y la biodiversidad.

Un manejo continuo durante el desarrollo del cultivo
El control biológico no funciona como una herramienta de un único uso. Para mantener el balance del entorno es necesario repetir el proceso a los tres, cinco, siete y nueve meses del ciclo de crecimiento del cultivo. 
“Este es un proceso que monitoreamos constantemente. De la mano de equipos técnicos revisamos cómo evoluciona la plaga y ajustamos la intervención para mantener su control, según sea necesario, siempre de una manera responsable con la naturaleza”, precisó Montoya. 
De esta manera, el control biológico resume la lógica con la que Providencia gestiona sus cultivos. La combinación de observación permanente, conocimiento técnico y herramientas de precisión para acompañar los procesos naturales del entorno permiten que, más que una práctica aislada, se consolide en la compañía como un método que prioriza el equilibrio del ecosistema, al apoyarse en procesos naturales y potenciarlos, en lugar de reemplazarlos.

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