Septiembre es el Mes del Patrimonio Cultural en Colombia y para quienes disfrutan crear, la inspiración también puede estar mucho más cerca que una búsqueda en internet: en la calle que recorremos, las fotografías que tomamos y los lugares que forman parte de nuestra propia historia.
Pasamos frente a la misma fachada cientos de veces. Conocemos de memoria la esquina donde compramos café, el árbol frente a casa o el camino que seguimos para visitar a alguien. Precisamente porque forman parte de la rutina, dejamos de mirarlos. Pero basta detenerse, sacar una fotografía y observar los detalles para descubrir que un barrio también puede convertirse en una biblioteca de colores, formas, palabras y recuerdos para crear.
“La inspiración no tiene que comenzar siempre buscando un diseño ya hecho. Puede empezar saliendo a caminar y observando: una combinación de colores, una ventana, una frase, una fotografía o la forma de un lugar que significa algo para nosotros. Crear también es aprender a mirar aquello que normalmente damos por sentado”, explica Yanelly Reyes, Head of Communities en Cricut Latinoamérica.
Septiembre ofrece una coyuntura especialmente apropiada para hacerlo. Colombia celebra durante el mes su patrimonio cultural; Bogotá lo conmemora con más de 50 actividades como recorridos, talleres y ejercicios de observación forman parte de una agenda que busca mostrar que el patrimonio también se transforma y se relaciona con nuevas formas de participación, tecnología y creación.
Para una persona que crea, esa conversación puede comenzar en una escala muchísimo más pequeña: ¿qué elementos del lugar que habito forman parte de mi propia memoria visual?
Antes de diseñar, observar
Un tablero de inspiración no necesita comenzar con veinte imágenes descargadas de internet. Puede construirse durante una caminata mediante una fotografía de una puerta de época, observando el color de un edificio, poniendo atención en las tipografías pintadas a mano de los negocios y las siluetas que la arquitectura por sí misma nos regala. Cuando esos elementos provienen de nuestra experiencia, dejan de ser únicamente referencias estéticas y comienzan a contar una historia.
Después viene el ejercicio creativo: identificar qué colores se repiten, qué formas llaman la atención, qué palabras vale la pena conservar y cuáles de esas referencias pueden traducirse a una composición propia.
En Design Space, por ejemplo, pueden cargarse imágenes y combinarse con textos, formas y distintos elementos para construir diseños nuevos. Una máquina de corte puede después convertir algunas de esas composiciones en stickers, papercraft, tarjetas, vinilos y más.
“Cuando usamos nuestra propia fotografía, un recuerdo o un elemento del lugar que realmente conocemos, el proyecto adquiere otra voz. Cuando las referencias nacen de una experiencia propia y es mediante nuestra creatividad que comenzamos a crear, el proyecto adquiere un toque de original que no se puede alcanzar con referencias genéricas y que se construye desde las vivencias de cada creador”, señala Reyes.
Septiembre invita a Colombia a mirar nuevamente su patrimonio. Para quien disfruta crear, quizá el ejercicio pueda empezar todavía más cerca: volver a recorrer la misma calle pero esta vez mirándola con los ojos de quien la camina por primera vez.
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