Este 13 de febrero se celebra el Día del Amante y Gleeden, la app de encuentros no monógamos pensada por y para mujeres, pone el foco en una conversación que sigue generando interés, debate y curiosidad: la figura de la amante como un rol históricamente silenciado, pero decisivo en la construcción del poder, la política y el deseo femenino.
Lejos del escándalo y más cerca de la cultura, histórica y popular, la fecha vuelve a instalar un tema que atraviesa generaciones: cómo, desde vínculos no oficiales, muchas mujeres influyeron en acontecimientos que marcaron época, especialmente en contextos donde el deseo femenino era juzgado, invisibilizado o castigado.
En Colombia, un país donde la moral pública ha estado históricamente marcada por el peso de lo religioso y lo tradicional, el tema continúa siendo incómodo, pero profundamente vigente. Y es que la historia no solo se escribió en discursos oficiales, sino también en espacios íntimos donde el poder se negoció en silencio y donde muchas mujeres ejercieron influencia sin reconocimiento.
1. Manuelita Sáenz (Ecuador / Gran Colombia, 1797–1856)
Conocida como “La Libertadora del Libertador”, Manuelita Sáenz fue mucho más que una figura sentimental en la vida de Simón Bolívar. Fue estratega, activista y pieza clave del proceso independentista. Participó en redes políticas y de inteligencia, y se le atribuye haber salvado la vida de Bolívar durante el atentado de 1828.
En una época donde las mujeres no tenían espacio formal en la política, Manuelita desafió el orden establecido y pagó el precio del exilio y el olvido.
2. Anita Bolívar (Colombia, siglo XIX)
Conocida en algunos relatos históricos como una de las amantes atribuidas a Simón Bolívar durante su paso por el territorio colombiano, Anita Bolívar representa a las mujeres que, desde la discreción, fueron parte de la vida íntima de figuras centrales del poder. Su nombre aparece en narraciones no oficiales que reflejan una realidad: la vida sentimental de los líderes también marcó época, aunque rara vez se mencione en los libros escolares.
3. Bernardina Ibáñez (Colombia, siglo XIX)
Mencionada en crónicas históricas como una mujer cercana al entorno político y militar de la época independentista, Bernardina Ibáñez es recordada en algunas versiones como una figura sentimental vinculada a círculos de poder. Su presencia en relatos paralelos revela cómo muchas mujeres quedaron registradas más en la memoria oral que en los documentos oficiales.
4. Cleopatra (Egipto, 69 a.C.–30 a.C.)
Gobernante, estratega y una de las figuras más icónicas de la historia universal. Fue amante de Julio César y Marco Antonio, y utilizó sus vínculos como herramientas diplomáticas. Cleopatra entendió que el poder también podía ejercerse desde la intimidad.
5. Madame de Pompadour (Francia, 1721–1764)
Amante oficial del rey Luis XV, influyó en la política, el arte y la cultura francesa del siglo XVIII. Mecenas y consejera, convirtió un rol informal en un espacio de legitimidad y decisión dentro de una corte dominada por hombres.
Colombia y el lenguaje popular del amor clandestino
En Colombia, el tema de la infidelidad no solo existe en la conversación cotidiana: también tiene un lenguaje propio, lleno de humor, códigos sociales y expresiones populares.
Algunas de las formas más comunes en las que se les llama a los amantes en el país son:
- “El mozo” / “La moza”, uno de los términos más tradicionales.
- “La otra” / “El otro”, expresión frecuente y directa.
- “El cacho” / “la del cacho”, derivado de “poner cachos”, quizá la frase más típica en Colombia.
- “El tinieblo”, palabra juvenil para hablar de un vínculo oculto.
- “El plan B”, expresión moderna para describir una relación paralela.
- “El arroz en bajo”, expresión popular para describir algo escondido o reservado.
Este fenómeno incluso ha sido narrado durante décadas en la música popular: salsa, vallenato y reguetón han convertido a personajes como “la moza”, “la otra” o “el arroz en bajo” en protagonistas recurrentes del relato cultural colombiano.
Una mirada actual en cifras
Según datos de Gleeden, 7 de cada 10 mujeres usuarias aseguran que la infidelidad no responde a la falta de amor, sino a la búsqueda de deseo, validación y conexión personal.
Un dato que conecta directamente estas historias del pasado con el presente: el deseo femenino siempre existió, pero durante siglos fue silenciado, juzgado o castigado, especialmente en sociedades donde las mujeres no podían decidir libremente sobre su vida emocional.
“Durante mucho tiempo, el rol de la amante fue usado para juzgar a las mujeres. Hoy, ese mismo rol abre conversaciones sobre libertad, elección y honestidad emocional”, señala Silvia Rubies, directora de Comunicaciones de Gleeden Latinoamérica.
En un país como Colombia, donde se consumen historias de amantes en novelas, series y medios, pero todavía se juzga severamente a las mujeres en la vida real, el 13 de febrero funciona como un disparador cultural.
No se trata de promover la infidelidad, sino de poner en agenda una conversación pendiente sobre los vínculos, el deseo, la autonomía emocional y las nuevas formas de entender las relaciones.
Y es que l@s amantes han existido, existen y existirán. Por eso, desde Gleeden se ha querido reconocer su papel y su importancia a lo largo de la historia, en el día que l@s homenajea: este próximo 13 de febrero.
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